Cuenta la historia que estaba el emperador Carlos IV participando en una partida de caza por la zona, cuando uno de sus perros se perdió persiguiendo a una presa. El perro cayó en un manantial de aguas calientes, y el emperador, que se quejaba de una pierna, decidió meterla dentro. La leyenda dice que la pierna sanó y que desde entonces al lugar se le llamó Karlovy Vary en honor a su regio descubridor.

 Karlovy Vary

Desde entonces, su fama creció tanto que en el siglo XVI había más de 200 alojamientos en la zona y con el devenir de los años, el lugar siguió creciendo en lujo y fama. A mediados de siglo XVIII, Karlovy Vary era un ejemplo de arte barroco, al que se fue añadiendo después edificios de estilo cubista y art nouveau. A él acudieron a tomar las aguas desde emperadores como el zar Pedro I o Francisco José de Austria, e ilustres artistas como Beethoven, Listz o Chopin; pensadores como Marx o Goethe, y todo una gran lista de grandes personas de la Historia.

Aquel espíritu bohemio aún se percibe en sus casas y en sus muchos centros termales. Una nostalgia temporal que se desprende de las brumas del calor de sus aguas curativas y que nos permiten disfrutar de un paisaje sin igual, en un estrecho valle por donde discurre el río Teplá.

La ciudad, pacífica, reposa sin tráfico alguno, y es que su centro está cerrado a los vehículos por lo que se puede pasear por ella con comodidad y disfrutar de algunas de sus visitas más laureadas. Como la Iglesia de San Pedro y San Pablo construida por rusos en el siglo XIX y que destaca por sus cúpulas doradas en forma de bulbo, tan típicas de ciudades como Moscú o San Petersburgo. O el complejo Thermal, un moderno complejo balneario donde además , cada año tiene lugar el famoso festival de cine de Karlovy Vary. O el excelso hotel Imperial que se ve nada más llegar por carretera proveniente de Praga.

Karlovy Vary 

El paseo nos llevará además por las columnatas que enmarcan las fuentes termales, de libre acceso, que se encuentran en el centro de la ciudad. Como la fuente de Vridlo, que tiene su origen a 2 kms. de profundidad y expulsa un chorro a varios metros de altura, a una temperatura de 73º C. O la de la Columnata del Molino, o la del Mercado… todas alcanzan una temperatura mínima de 60º C y es habitual ver colas de gente con su jarra de cristal o cerámica para tomar alguna agua de estas fuentes.

Y finalizar paseando por algunos de los agradables parques que circundan Karlovy Vary, o de sus miradores, como el de Diana o el de Goethe desde donde admirar la lejana quietud de otra época, la de una época dorada que parecía ya perdida, la del reposo y la elegancia de aquellos balnearios clásicos, la de vivir sanos


Via: locuraviajes.com/blog

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