Para muchos la Navidad es una gran excusa comercial para bombardearnos a anuncios de perfumes y juguetes. Para otros es una época del año a evitar, algunos recuerdos duelen y hacen daño. Los más devotos de Dios viven con intensidad el nacimiento de Jesús y siguen con gloria sus celebraciones. Sin ser religiosa, yo me considero del grupo de los afortunados: cuando llegan estas fiestas el espíritu navideño me invade y me convierto en una "tipa" muy pesada. Lo sé. Disfruto poniendo el belén, las bolitas del árbol, envolviendo paquetes, avasallando a preguntas sobre mis regalos, paseando por las calles iluminadas, viendo la cara de los niños… Supongo que con los años y dependiendo de como me haya tratado la vida, mi visión de la Navidad podrá retocarse. De momento aprovecho y disfruto todo lo que puedo.

Por esta razón, te propongo un viaje muy especial. Coje tu maleta de los sentimientos y atrévete a subir al tren de las emociones. Haz que tu familia y amigos facturen contigo y bajaros en la estación del amor y la amistad. Sonará un poco cursi, pero lo digo de corazón.

Feliz Navidad a todos.