Recuerdo que en mi viaje a Suiza, Berna fue la última de las ciudades que elegí visitar. Quizás sea porque quienes viajamos al país alpino, lo hacemos pensando en sus paisajes montañosos y nevados, o en sus tranquilos y azules lagos, y lo que buscamos es Naturaleza en estado puro. Suiza es eso precisamente. Lo más bello de los Alpes: Zermatt y el Cervino, o en el interior, Interlaken o Thun. Incluso Lucerna y sus lagos.

Berna

Pero Berna, la capital, la consideraba una ciudad cosmopolita. Más capital que naturaleza. Craso error. Es difícil encontrar algo en Suiza que no tenga su parte de Naturaleza, ni sus lagos o ríos, ni su paisaje de montañas. Además, Berna conserva cierto aire medieval en su centro histórico, que combinado a su modernismo y su ambiente cosmopolita la hace tener un encanto especial.

El casco histórico de Berna fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Quizás su aire actual venga determinado pro aquel incendio del año 1405 que arrasó la ciudad. Hubo de levantarse de nuevo, pero lo hizo con esa precisión suiza tan típica, bajo los dictámenes del arte gótico y con las aguas del río Aare como corazón urbano. Y así, al llegar a ese centro urbano, deseas echar pie a tierra y pasearla tranquilamente recreándote. Son cerca de seis kilómetros de soportales que empiezan en la Marktgasse, su principal zona y que nos lleva a visitar sus famosas once fuentes monumentales.

Berna

Es curioso ver cómo la ciudad se transforma en esta parte, volviéndose nostálgica y medieval. La calle Kramgasse es realmente bonita. Una calle empedrada rodeada de soportales de los siglos XVII y XVIII, con una pequeña fuente central con bancos donde disfrutar del lugar y las banderas y blasones de la época. Al fondo, el Zytgloggeturm, la Torre del Reloj, la más típica fotografía de Berna. Y es que la capital suiza se vuelve una continua sucesión de campanarios con la clásica forma en aguja de todas las iglesias de Suiza. Data la Torre del Reloj del año 1530, y para dar las campanadas salen unos ositos que te hacer sonreír inevitablemente. Mientras, de vez, en cuando, con un sonido característico, el tranvía parece retozar por el empedrado de la calle.

La Catedral de St. Vincent es de estilo gótico tardío, y su campanario, al igual que otros, acaba en una alargada aguja que data del año 1893. Cerca está la fuente de Moisés, muy conocida entre los lugareños. El Parlamento federal es el Bundeshaus de estilo renacentista, como el Ayuntamiento, también digno de visitar, aunque eso quizás sea un consejo personal de alguien como yo al que le encanta ver los ayuntamientos de cada ciudad…

Y por último, una recomendación como en su momento hice en Praga. Si os gusta la música clásica, no dejéis de asistir a algunos de los conciertos de música sacra que se organizan en sus iglesias. Precisamente en junio se celebra el Festival de Música Sacra. En abril, además, podréis asistir al festival Internacional de Jazz.

Berna os gustará. Es pequeña y casi me atrevería a decir que hasta podéis visitarla en un día. Pero os animará a pasearla y disfrutarla con la paz y el sosiego tan clásico de la pintoresca Suiza.


Via: locuraviajes.com/blog

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