En el norte del estado de Guerrero, en México encontramos una hermosa ciudad colonial llamada Taxco de Alarcón. Este rincón del mundo alberga en su interior un espacio turístico muy interesante para los viajeros buscadores de nuevos destinos. Y aunque toda la ciudad es digna de ser recorrida destaca por encima de todos los puntos de visita un magnífico templo con más de 200 años de antigüedad: el templo de Santa Prisca. Sólo por verlo ya habrá merecido la pena reservar tu vuelo hasta aquí.

santapirscataxcoiglesia.jpgNada más adentrarte en Taco ya podrás visionar las altas torres de estilo churrigueresco de este templo que permanecen inalterables y con su belleza hipnotizan al turista. Lo que más sorprende es que esta maravilla arquitectónica fuera construida en tan sólo un año. El responsable fue José de la Borda, empresario minero del siglo XVIII. Gracias a su espectacular estilo barroco mexicano la iglesia ha sido considerada como una obra arquitectónica única en el mundo.

Destaca la gran cantidad de decoración presente en todo el edificio especialmente en su maravillosa fachada. Su cúpula de azulejos es igualmente impresionante. Ya en el interior nos adentraremos en todo un universo artístico por descubrir lleno de texturas, colores y formas muy diferentes entre sí.

Posee nueve retablos cubiertos de hoja de oro y hermosas pilastras de cantera de rosa. El retablo mayor está dedicado a la Purísima Concepción y a los santos patrones de la ciudad de Taxco de Alarcón: Santa Prisca y San Sebastián.

No dejes de contemplar la capilla realizaba a base de azulejos de talavera característicos de la arquitectura novohispana. Todo el templo está repleto además de imágenes sacras representadas en valiosas esculturas y cuadros. Cada una de ellas cuenta una historia al visitante. Y es que este templo está también repleto de apasionantes leyendas. La más famosa de todas la protagoniza la imagen de Santa Prisca, en el altar mayor. Cuentan que este joven que fue decapitada por los romanos después de que los hambrientos leones ni siquiera lo hubieran tocado. Otro dato curioso es que hasta el siglo XIX este fue el edificio más alto de México.

Foto: Tina Jiménez.

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