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Ayer estuve hablando con unos amigos del trabajo y uno de ellos estaba fascinado con los Incas. Tenía muchas ganas de visitar Machu Picchu (Perú), aprovechando de ver el resto de Perú, Bolivia el desierto chileno. Pero, ¿no sabían que el impero inca se extendió hasta la zona céntrica de Chile? Bueno, yo se lo expliqué.

Machu Picchu es precioso, parece de otro planeta. Aparte de lo vertiginoso de paisaje y la distribución de las estructuras, que parecen ordenadas y desordenadas a la vez, la selva peruana ya es belleza suficiente. Calor y lluvia hacen que uno se sienta medio aventurera también.

Chile no se queda lejos. Insospechadamente, viajando hace unos años desde Santiago de Chile a Mendoza, ciudad Argentina muy cercana a Santiago y famosa por su buena comida a precios razonables, decidimos pasar al centro de Ski Portillo. Es un pequeño desvío, pero valió la pena porque, en la mitad de Los Andes, uno se encuentra con una Laguna color esmeralda. Es impactante.

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Foto: benjamincooper

La Laguna del Inca tiene una leyenda, algo típico dentro de la tradición oral Inca. Cuenta esta leyenda que la princesa Inca Kora-lle murió ahí, victima de un accidente mientras cumplía con ritos tradicionales de su matrimonio con Illi Yupanqui. Al encontrarla, Illi Yupanqui derramó sus lágrimas en la laguna, lo que la tiñó color esmeralda.

El Hotel Portillo tiene un restaurante bien acogedor y vale la pena pasar a almorzar si uno va en pareja. Seguro que también vale la pena quedarse. Y la historia es tan linda…

Hay cosas que con el tiempo mejoran, otras no, otras solamente cambian, mientras algunas se mantienen. Los viajes, aunque uno los haga en pareja, siempre dan tiempo para que uno rescate y disfrute parte de las cosas que han cambiado un poco. Aquí os dejo con algunas que siempre me gustó hacer y me hallo haciéndolas siempre que viajo.

Salir a caminar. Yo soy de Chile, pero viví mi juventud en Barcelona. Me encantaba salir a caminar a cualquier lado. Me sentía como una niña viendo siempre cosas nuevas, aunque viví muchos años en Barcelona – y luego Milán. En Chile dedicaba mis paseos con la familia a la costa: caminar por la orilla del mar para terminar en un rico restaurante para comer comida de la zona. ¿Qué hice en mi último viaje a Chile? Lo mismo.

Les recomiendo alquilar un auto y manejar 180 kilómetro hacia la costa central de Chile. Específicamente al sector de Maitencillo, Cachagua, Zapallar y Papudo. Pueden estacionarse cerca de alguna playa y caminar por la lindísima costa, sea invierno o verano, pasar por una caleta y comer algunos mariscos, ahí mismo, recién sacados del mar, para terminar en alguno de los varios restaurantes con variadas cartas en platos marinos. Recomendaciones: de primero, machas a la parmesana, con un vino montes alpha Chardonnay – ¡muy bueno! –; de segundo, un congrio frito o a la plancha; para el postre, un suspiro limeño. Ufff… cómo sufrimos algunas. La caminata ayuda a no pagar las consecuencias del pecadito.

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Foto: individuo

No tener móvil. ¿Alguien se acuerda cuando había que dejar recados en casa, avisar dónde uno iba y a qué hora volvía? Bueno en los viajes vuelve a ser parecido. Hay Internet, Palms, iPhones y muchos otros aparatitos que nos piden atención todo el tiempo. Cuando viajas no se callan, pero casi.

Sacar fotos. Cuando tenía 20 nadie me separaba de mi Canon AE-1 (todavía está por ahí). Ahora cuando viajo me pongo a sacar fotos. Uso una cámara digital, pero bueno, es lo que hay. Los dejo con una foto espectacular del Valle de la Luna, en el desierto de Chile, también de mi reciente visita. Las foto no es mía… ¡ojalá lo fuera!

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Foto: matt_hintsa